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    El fin del mundo se esperaba según las profecías de los Mayas el 21/12/12. Y, al final, no hubo nada.

    La verdad es que muchos andaban de cabeza pero yo me olía que no podía ser el fin del mundo el día 21, porque veía largas colas para comprar la lotería de Navidad y lógicamente se celebraba, como todos los años, el día 22. ¿Hay alguien tan tonto que compra un décimo pensando que el fin del mundo es el día de antes? El mundo se va a acabar no porque lo digan los mayas, a los que, por otra parte, hay que respetar, porque te sacaban el corazón por un quítame allá una cosecha.

    El mundo va de cabeza y se dan demasiadas vueltas a cosas obvias. Y como todo, se acabará sin avisar. Sin histerias y sin colas, que eso sí que es un final poco épico. Mientras tanto, debemos estar permanentemente enchufados para no perdernos las cosas buenas que no se terminan y nos hacen muy felices. Por ejemplo: la música. El bolero con sus caóticos sentimientos o el rock con sus lisérgicos movimientos.

    Os anuncio: si llega el fin del mundo, Radio Gladys Palmera lo retransmitirá en riguroso directo. Y lo sabréis porque sonará música acorde a la circunstancia, por poner un ejemplo: sonará el bolero Cataclismo en la voz de Olimpo Cárdenas, que dice así:

     

    Fue la visión de este delirio

    todo un desastre de locura

    como si el mundo se estrellara

    un cataclismo para los dos.

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    Reivindica tu lado más ecléctico. Te deseamos una Feliz Navidad.

     

    Keep calm and dance on!

     

  • Yo quiero ser holandesa para cuando me quede vegetal; quiero ser inglesa si me acerco a la cultura y su gestión; quiero ser alemana para que los niños tengan oportunidades de hacer lo que quieran y no lo que demande el mercado; quiero ser francesa para editar libros y que sean respetados; quiero ser japonesa para respetar a los mayores y comer buen sushi; quiero ser diseñadora mexicana por sus gráficas de colores; quiero ser caribeña para tomarme la vida con tranquilidad; quiero ser sueca para tener derecho a su estado de bienestar; quiero ser islandesa para disfrutar de sus paisajes; quiero ser italiana para comer sus múltiples pastas; quiero ser neoyorquina por sus museos; quiero ser suiza porque nunca he oído hablar de sus políticos; quiero ser portuguesa para ver las jacarandás en flor y griega para bailar el sirtaki.

    Quiero ser del mundo y no de pequeños mundos. Quiero ser eso que se dice mundial.

    Quiero que la música sea obligatoria, que seamos “bailones” por decreto, que los discos caigan de los guindos y que la esperanza de vida sea tan larga como la de los boleros. No quiero ni patrias ni banderas, sino la república independiente de mi Gladys Palmera.

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    Llegamos a fin de año con la crisis más abierta que los problemas de Tita Thyssen y sus hijos: Borja Mari y la “mujer de su vida”. Es difícil saber por qué existiendo el mail, el whatsApp, Skype, o el Yoigo – que es el que más les conviene para ver si son capaces de escucharse- sigan comunicándose por el Hola.

    Sé que vosotros diréis, ¿a qué viene esta introducción económico-sociality? Simplemente, para no hablar siempre de lo mismo. Así, que en este año que nos va a dejar, si no llega antes el fin del mundo anunciado y seguramente pospuesto, os animo a empezar a entrenar la cosa del baile para no quedar como un caballo, con esa peste de gangnam style que ha sido el suceso musical del año. ¡Hay que fastidiarse!

    Sabéis que soy partidaria de la elegancia -dentro de un desorden- y sobre todo que me gustan los clásicos y el vintage, porque es como la prueba del algodón: nunca engañan. Y para que podáis reíros o deleitaros, os dejo una cosa de esas que los horteras llaman viejunas, pero que es simplemente clase. De aquella de los momentos álgidos del baile en Hollywood. Bueno, bailar el estilo que queráis, pero hacedlo, se bajan los michelines, se olvidan cosas como la prima de riesgo y se disfruta con poco gasto.

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    Gladys Palmera tiene su nuevo canal de música online: una onda que sintoniza lo más cool de la música actual, con novedades, estrenos, rarezas, tesoros encondidos, piezas piratas, sonidos en vinilo, latino y transcendental. La música favorita de Gladys Palmera obtenida después de largos viajes, años de coleccionismo y finas escuchas. Cada semana seleccionamos dos nuevos temas, así que para este estreno absoluto hemos preparado un comienzo emocionante. Dos entradas de sonido aterciopelado, latente y vibrante que te traerá de cabeza si naciste bajo el signo de Saturno: Zenet y Nancy Vieira con morna, jazz, gypsy y otras músicas de frontera.

    El pasado 29 de octubre salió a la venta el último y esperado disco de Zenet. La menor explicación, con letras escritas por Javier Laguna como en los otros dos álbumes, tiene conexión con la literatura del disco, extraída de una canción contenida en el álbum: “perdona que no me debes, la menor explicación”. Me gustas, el primer single del disco, es un tema muy sincero, personal y amoroso, donde se repite una y mil veces Eres. En el primer disco, abundaba la copla, el flamenco, el jazz, en el segundo se abrieron a la música de Nueva Orleans y en este se mueven más hacia la bossa, el tango y el gypsy con tonos más sucios.

    La artista caboverdiana Nancy Vieira presenta su cuarto disco con la discográfica Lusafrica. Se abre con Maylen, un preciosa canción escrita por Mario Lucio, poeta, músico, historiador del África criolla y actual ministro en el gobierno de José María Pereira Neves. Hay dos cosas que inmediatamente nos impactan: una es la tonalidad perfectamente controlada y distinguida de Nancy que la establecen como la voz más fina de la nueva generación de cantantes caboverdianas. La segunda es la riqueza de estilos musicales que puede contener este disco, dirigido además por el soberbio piano de Nando Andrade, músico de la mítica y legendaria Cesaria Evora.

     

    Escucha el corazón musical de Gladys Palmera haciendo click en este enlace.

    Pinchar aquí.

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    Existe un movimiento que hace de la vestimenta una religión, pero lo más increíble es que se da en un país como la república del Congo, un lugar con un PIB más encogido que una cintura de Versace. Son los seguidores de Papa Wemba y se denominan SAPE (sociedad del Ambiente y la gente elegante). Así, con un par.

    Se creó para hacer la contra al movimiento de la africanidad y autenticidad, impuesto por Mobutu Sese que pretendía borrar todo vestigio de la cultura occidental. Se les llama también “sapeurs” y se trata de ir vestido de la forma más elegante, occidental y extravagante de la tierra.

    Hacen lo que sea por conseguir “marcas” y contrasta con la miseria que les rodea. Cultivan poses y caminan de forma diferente, tratan de no hablarse con sus iguales y fanfarronean; para ellos ir bien vestido es sinónimo de éxito y protesta. Son estrellas que brillan en una noche, y que como mariposas se achicharran de tanto acercarse a la luz.

    El mundo es raro, raro, raro…

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    Me gustan las conclusiones breves. Resumen muy bien en un momento determinado lo que quieres decir y cual es tu estado de ánimo. En eso mis gustos son como en cine, música o literatura, al final le pido muy pocas cosas a la vida: que no me amarguen la existencia, que no me hagan perder el tiempo, que me den un buen resumen de ciertas cosas que he vivido o que puedo vivir algún día. Y -lo más importante- que tenga esperanza de lo que no he vivido, para hacerme una idea de todas otras vidas posibles.

     

    La vida siempre la he entendido por la música. Si me cantan estoy contenta. La música de siempre puede ser la banda sonora de tu vida. Recuerdo más por los estribillos y el ritmo, que por mis neuronas, que se han acostumbrado a bailar al son de mis viejos discos. Lo recurrente, los lugares comunes, no tienen lugar en los buenos discos, siempre parecen mejores. Los buenos discos como todo lo clásico forman parte de todas las existencias, pertenecen a todos los siglos, porque nunca están fuera de época, podrán no estar de moda; pero siempre volverán a estarlo.

     

    Soy una optimista, en materia de gustos necesito mucho ritmo y mucha emoción. Resumiendo, la duración de un buen disco no sobrepasa más de cuatro minutos y lo breve ya se sabe que si bueno, dos veces excelente. Y al contrario que con cualquier reunión de vecinos, si quiero alargar el momento repito el disco, que no es nunca la misma canción. Depende siempre del estado de ánimo.


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    La fridamanía comenzó en los 80s y llegó para quedarse. Era todo menos convencional, en su época las mujeres vestían a la moda, entalladas y con el cabello en rango de no salirse ni un pelo. Frida era la excepción: moños, trenzas, huipiles, faldas multicolores, corsés y colores brillantes además de unas cejas pobladas y unidas que pasaron a la historia de la estética aguerrida.

    Sin embargo, ahora que su ropa ha salido del armario, sabemos que la usaba como una armadura para disimular las imperfecciones físicas y el dolor emocional. Cerca de 300 piezas de vestuario y objetos personales formará parte de la colección que será mostrada en la Casa Azul, el antiguo hogar de la pareja de artistas, el próximo noviembre. Esta exposición ofrecerá un acercamiento, no sólo a la intimidad de la pintora, sino también será un recordatorio de lo valiosas que son las raíces mexicanas.

    Su título muy acertado Las apariencias engañan, vestidos de Frida Khalo y según su comisaria –ya sabemos cómo se las gastan- y Circe Henestrosa que lo es, dice “ la exposición usa los objetos personales de Frida para explicar la construcción de su identidad a través de dos vertientes: su etnicidad y su discapacidad”.

    Únicamente podrá verse en su casa a lo largo de un año, porque su ropa, por decisión de Diego Rivera, los objetos de la casa nunca podrán salir de ella. Así se la gastan los machos como Diego. Soy una admiradora de Frida y forma parte de mis altares particulares. Tendré que ir a verlo.

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