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    La fridamanía comenzó en los 80s y llegó para quedarse. Era todo menos convencional, en su época las mujeres vestían a la moda, entalladas y con el cabello en rango de no salirse ni un pelo. Frida era la excepción: moños, trenzas, huipiles, faldas multicolores, corsés y colores brillantes además de unas cejas pobladas y unidas que pasaron a la historia de la estética aguerrida.

    Sin embargo, ahora que su ropa ha salido del armario, sabemos que la usaba como una armadura para disimular las imperfecciones físicas y el dolor emocional. Cerca de 300 piezas de vestuario y objetos personales formará parte de la colección que será mostrada en la Casa Azul, el antiguo hogar de la pareja de artistas, el próximo noviembre. Esta exposición ofrecerá un acercamiento, no sólo a la intimidad de la pintora, sino también será un recordatorio de lo valiosas que son las raíces mexicanas.

    Su título muy acertado Las apariencias engañan, vestidos de Frida Khalo y según su comisaria –ya sabemos cómo se las gastan- y Circe Henestrosa que lo es, dice “ la exposición usa los objetos personales de Frida para explicar la construcción de su identidad a través de dos vertientes: su etnicidad y su discapacidad”.

    Únicamente podrá verse en su casa a lo largo de un año, porque su ropa, por decisión de Diego Rivera, los objetos de la casa nunca podrán salir de ella. Así se la gastan los machos como Diego. Soy una admiradora de Frida y forma parte de mis altares particulares. Tendré que ir a verlo.

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